Muchas personas imaginan el microneedling como algo doloroso, pero la realidad es totalmente distinta. Antes de comenzar, aplicamos una crema calmante que reduce la sensibilidad de la piel. Esto hace que la experiencia sea completamente tolerable, incluso en zonas más delicadas como el contorno de ojos o el labio superior.
La sensación suele describirse como una vibración suave o un ligero hormigueo, similar a un masaje profundo. No hay dolor punzante ni molestias intensas.
Además, gracias a la tecnología del Dermapen, las microagujas penetran de forma vertical, controlada y uniforme, reduciendo significativamente la molestia en comparación con dispositivos más antiguos o rodillos manuales.
El nivel de confort es tan alto que más del 90% de los pacientes repite sin dudarlo.